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Seminario Nacional Cristo Sacerdote
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Tiempo de descanso, tiempo para Dios.

Deseamos a todos unas bellas vacaciones y éxitos en sus tareas misioneras.

"Tu eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec"

 


Año de Formación Pastoral

DIÓCESIS DE SONSÓN-RIONEGRO

Formación Sacerdotal

Año de Formación Pastoral

 

 

A nivel de la Iglesia universal, ya en tiempos del Vaticano II,  hubo conciencia de que el espacio formativo tradicional del seminario no siempre lograba dar cuenta de todas las exigencias actuales para la preparación de un sacerdote ministerial.  De ahí el haber previsto la posibilidad de establecer etapas de formación con énfasis especiales, según el momento de las mismas dentro del proceso total, para complementar o consolidar la formación básica.

 

La exhortación Apostólica Pastores Dabo Vobis, luego de insistir en que la “formación pastoral se desarrolla mediante la reflexión madura y la aplicación práctica”, contempla la conveniencia, en orden a una adecuada formación pastoral, de “experiencias pastorales que puedan desembocar en un verdadero y auténtico ‘noviciado pastoral’ que se extenderá por algún tiempo y se someterá metódicamente a una cuidadosa verificación. (PDV 57)

 

El Año de Formación Pastoral (AFP) se considera como un período obligatorio dentro del proceso de formación de todos los candidatos al sacerdocio de la diócesis de Sonsón-Rionegro. Pretende proporcionar a los seminaristas  la posibilidad de afianzar las distintas dimensiones del proceso formativo en contacto directo con la realidad y bajo la asesoría y  supervisión de los sacerdotes a cuya custodia sean asignados.

 

El objetivo general de este período es brindar a los seminaristas de la diócesis de Sonsón-Rionegro,  al terminar el segundo año de Teología, la oportunidad de profundizar su opción vocacional a nivel personal,  comunitario y pastoral en alguna parroquia o actividad pastoral especializada,  con el fin de integrase mejor en la vida y en la acción  apostólica de su propia iglesia particular.

 

Del objetivo general se desprenden tres elementos que definen y marcan las prioridades en la experiencia pastoral:

 

  1. Es un encuentro con la propia vocación cristiana y con la eventual vocación al sacerdocio.
  2. El AFP es una oportunidad  para conocer más de cerca la realidad.
  3. Es una ocasión para vincularse más estrecha, afectiva y efectivamente con la diócesis.

 

En la diócesis,  el AFP tiene lugar al culminar el segundo año de teología, cuando el seminarista ya ha podido cursar la filosofía completa y  los tratados introductorios de la teología. Los seminaristas se inscribirán en el AFP sólo con la aprobación de la Junta de formadores de su respectivo seminario y con el visto bueno del Obispo diocesano. Se buscará que en lo posible tengan una formación catequética sólida  con  miras a un mejor desempeño de su práctica pastoral.

 

Se trata de ofrecer a los seminaristas la oportunidad de poner en práctica los elementos asimilados en su proceso formativo, tanto en cuanto a la espiritualidad como a las dimensiones comunitaria, pastoral y académica. Igualmente se busca afianzar el proceso de maduración de la personalidad y la capacidad de relacionarse con todo tipo de personas en contacto directo con la realidad. Se persigue, además, que el seminarista adquiera un mejor conocimiento de la diócesis, del presbiterio, de los procesos pastorales, de las dificultades que encontrará en su ministerio. Lo ideal es que el seminarista pueda integrarse y compartir la vida con un equipo sacerdotal o al menos esté en estrecha relación con un párroco formador.

 

Se procurará  que  los seminaristas en cada uno de los semestres del AFP tengan  una experiencia diferente que les permita, en lo posible, conocer diversos sacerdotes, ambientes y actividades apostólicas.

 

El AFP tiene un equipo coordinador conformado, además del Obispo diocesano, por el Vicario de Pastoral, el Delegado para la Pastoral Vocacional y los rectores y directores de pastoral de los seminarios implicados en el proceso. Este equipo es el encargado de hacer la inducción a quienes van a iniciar el AFP, de ubicar a los seminaristas en el lugar más adecuado a su propio proceso formativo, de ofrecerles  un  seguimiento permanente  y de hacer la evaluación con los responsables de cada uno de los seminaristas al final de cada semestre.

 

Los seminaristas que estén en AFP gozarán de los beneficios de la seguridad social en salud y riesgos profesionales, así como de un seguro de vida que tomará la Fundación Seguro Social Sacerdotal.

 

Se pretende posibilitar a los seminaristas espacios para la autoformación bajo la asesoría y supervisión del equipo coordinador, de los responsables de su experiencia y del seminario mismo al que deberán seguir vinculados.

 

Es muy importante que los seminaristas mantengan la vivencia de una sólida espiritualidad así como de la participación en los sacramentos y las prácticas litúrgicas y de piedad tal como las viven en el seminario pero ahora en un ambiente en el que la disciplina personal y las convicciones serán fundamentales.

 

En lo comunitario, los seminaristas estarán plenamente integrados al equipo sacerdotal, procurarán tener relaciones amplias y fraternas con el personal de la parroquia o institución a cuyo servicio estén, y con todo tipo de personas sin favoritismos ni exclusiones. Este aspecto es muy importante a la hora de evaluar la experiencia porque el sacerdote deberá vivir para los demás y ponerse a su servicio con espíritu de liderazgo para convocar y acompañar a las comunidades en su proceso de crecimiento y maduración en su fe y en su compromiso con el Señor. El sacerdote no puede  aislarse o marginarse de la vida de su comunidad.

 

En lo pastoral, hay que procurar que el seminarista tenga entrenamiento en las distintas vertientes de la pastoral (litúrgica, profética y social), así como en el trabajo con distintos grupos poblacionales (jóvenes, niños, campesinos, familias…) como conocimiento de los grupos apostólicos y su funcionamiento; también deberá facilitársele el conocimiento y manejo de los asuntos propios del despacho parroquial así como de aspectos administrativos que serán necesarios para su futuro ministerio. En este aspecto deberá haber un seguimiento muy cercano por parte de los párrocos y responsables de la formación para que no se convierta el seminarista en un responsable de ciertas áreas para las cuales aún no tiene el adiestramiento adecuado y esté siempre acompañado en la realización de sus tareas apostólicas.

 

El AFP ha de ser una verdadera y propia iniciación a la sensibilidad del Pastor, a asumir de manera consciente y madura sus responsabilidades, al hábito interior de valorar los problemas y establecer las prioridades y los medios de solución (PDV 58).  Por ello los trabajos y las ocupaciones habrán de ser auténticamente pastorales.

 

El AFP deberá servir para afianzar las cualidades  humanas y las  virtudes específicamente pastorales centradas en la caridad pastoral, el sentido de comunión eclesial a todos los niveles, la unidad profunda entre vida y acción ( P.O 14) y la adquisición de un juicio objetivo y equilibrado frente a la realidad.

 

Será fundamental mantener el espíritu de estudio y de profundización doctrinal. Para ello, todos los seminaristas deberán inscribir en cada semestre una materia o un tema específico, preferiblemente de orden teológico-pastoral, para bajo la tutoría de un sacerdote adelantar un estudio sistemático con su respectiva evaluación. La tutoría seleccionada será sometida al visto bueno del Delegado para la Pastoral Vocacional quien coordinará este campo de la formación.

 

A la hora de presentar el informe sobre el AFP, los párrocos y responsables deberán evaluar las distintas dimensiones del proceso formativo del seminarista: su personalidad, su vivencia de la espiritualidad cristiana, su capacidad para la vida en común, sus destrezas para la acción apostólica, su interés por la continua formación académica, poniendo especial énfasis en los aspectos a mejorar o a corregir en el resto de su proceso formativo.

 

Si al término del AFP la evaluación es altamente positiva, el seminarista recibirá la autorización del Obispo para continuar su proceso formativo en el seminario; si hay deficiencias notables, se podrá exigir al seminarista uno o más años de formación pastoral; en caso de informes negativos reiterativos, el seminarista podrá ser excluido del proceso de formación para el sacerdocio, decisión que en todos los casos dependerá del Obispo diocesano.

 

Deberes de los párrocos y de los responsables del AFP.

 

Quienes sean seleccionados para colaborar en el proceso formativo de los seminaristas en AFP, deberán asumir los siguientes compromisos:

 

  • Presentar una imagen sacerdotal íntegra que pueda ser modelo para el seminarista que está bajo su responsabilidad.
  • Considerar a los seminaristas  como sus “hermanos menores” que esperan encontrar el entusiasmo y el testimonio de la entrega total por el Reino de Dios.
  • Privilegiar como instrumento formativo el diálogo con cada uno de los  seminaristas para ofrecerles un apoyo claro a su autoformación.
  • Procurar guiar la experiencia del seminarista con prudencia, cercanía y espíritu paternal.
  • Planear la acción pastoral de la parroquia dentro del espíritu del Plan diocesano de Pastoral e integrar al seminarista en el proceso de programación, ejecución y evaluación del proceso pastoral.
  • Estar pendiente del seminarista y acompañarlo en la realización de algunas de las tareas asignadas al menos en los primeros meses de su experiencia.
  • Velar por el bienestar integral del seminarista y de que no le falte lo necesario para una vida digna y la adecuada realización de su misión.
  • Hasta donde sea posible, proporcionar al seminarista un auxilio económico mensual equivalente a medio salario mínimo legal mensual vigente con destino a sus gastos personales. Cancelar en la Fundación Seguro Social Sacerdotal los aportes a salud y riesgos profesionales del seminarista a su cargo.
  • Posibilitar la participación del seminarista en los encuentros a los que sea convocado por parte del equipo coordinador y colaborarle con los gastos que tales encuentros demanden.
  • Velar porque el seminarista tenga los justos y merecidos descansos a lo largo de la experiencia pastoral.
  • Integrar al seminarista a las reuniones vicariales, diocesanas o interparroquiales programadas de manera que se posibilite una mejor integración al presbiterio y a la vida de la diócesis.
  • Programar al menos una mañana completa de estudio cada semana, la cual deberá ser respetada y aprovechada al máximo por el seminarista.
  • Relacionar al seminarista con las autoridades públicas, instituciones cívicas, culturales y similares de manera que aprenda a interactuar con todo tipo de personas y logre un mejor conocimiento de la realidad.
  • Corregir paternal y oportunamente al seminarista cuando manifieste fallas notables en su personalidad, su convivencia, su vida espiritual o en el ejercicio de sus tareas apostólicas.
  • Favorecer el desarrollo de los carismas y especiales aptitudes del seminarista en orden a un mejor desempeño pastoral.
  • Mantener una estrecha relación con el equipo coordinador y los formadores  del seminario,  en orden a ofrecer  un mejor cuidado y formación a los seminaristas asignados.
  • Presentar los informes sobre el seminarista que le sean solicitados y participar en las reuniones a las que sean convocados por parte del equipo coordinador.

 

Deberes del Seminarista:

 

  • Aceptar con espíritu de fe y de obediencia la destinación a la que sea enviado entendiéndola como un llamamiento del Señor a servir en la Iglesia y a trabajar por el Reino de Dios.
  • Realizar al iniciar la experiencia, la matrícula en el seminario correspondiente.
  • Presentarse en las fechas estipuladas en la parroquia o institución y dar cabal cumplimiento al cronograma previamente fijado para encuentros, retiros, convivencias y demás eventos.
  • Elaborar un  proyecto personal de vida que le dé organicidad y seriedad a su servicio pastoral y a su proceso formativo general.
  • Mantener una actitud de respeto, obediencia y alegre cooperación con los sacerdotes responsables de su formación.
  • Prepararse adecuadamente para desempeñar las tareas que se le asignen, evitando la improvisación y la desorganización.
  • Escoger en coordinación con el Delegado de Pastoral Vocacional la tutoría a realizar durante el semestre, seleccionar el tutor y programar con él los distintos encuentros de asesoría y de evaluación de su actividad académica.
  • Conforme al ritmo de vida y la disciplina  propia del seminario, continuar de manera libre y consciente la práctica de la dirección espiritual.
  • Velar por su presentación personal digna, varonil y austera  ante la comunidad a la que sirve, evitando los snobismos y la suntuosidad innecesaria en su estilo de vida.
  • Estar siempre disponible a la atención de las personas con respeto, caridad y humildad.
  • Conocer a profundidad el plan diocesano de pastoral así como los programas vicariales y parroquiales para una adecuada ejecución.
  • Participar sin falta en los encuentros generales, vicariales o interparroquiales programados desde la diócesis. Para no participar en uno de estos eventos, el seminarista deberá contar con la previa autorización de la Vicaría de Pastoral o del Delegado de Pastoral Vocacional.
  • Hacer uso racional, prudente y austero de los servicios que la parroquia o institución le faciliten para su bienestar o el ejercicio de sus tareas apostólicas (teléfono, equipos electrónicos, muebles y demás enseres).
  • Tener una disciplina personal que implique horarios fijos de levantada, oración, comidas, estudio, descanso, así como la prohibición de atender personas de cualquier género en su habitación privada.
  • Aceptar con docilidad y gratitud las correcciones, sugerencias o indicaciones que se le hagan de parte de los responsables de su formación o del equipo coordinador del AFP.
  • Mantener estrecho contacto con el seminario y disponer del tiempo necesario para las visitas que los formadores le hagan a su sitio de trabajo.
  • Aprovechar al máximo todas las oportunidades que durante el año se le presenten para su formación humana, la profundización de su fe, la maduración doctrinal, la capacitación apostólica y la relación con todo tipo de personas en beneficio de su formación integral.
  • Presentar al final de cada semestre los  informes sobre el desempeño pastoral en la parroquia (actividades realizadas, cargos o responsabilidades cumplidas y las tareas  que quedan por hacer), como también la respectiva evaluación del AFP que en su momento pedirá el delegado de pastoral vocacional.  De igual modo, presentar el fruto del trabajo académico de la tutoría.

 

Deberes de los formadores de los  Seminarios:

 

  • Señalar cuáles seminaristas deberán participar del AFP y enviar a los que han de ser sus responsables inmediatos una ficha con aquellos aspectos más relevantes de su proceso formativo en los que se deberán interesar de manera especial.
  • Inscribir como alumnos del seminario a los seminaristas que estén en este período de su formación pastoral.
  • Participar en las reuniones a las que sean convocados por parte del equipo coordinador.
  • Mantener contacto permanente con los párrocos y responsables de la formación, así como con los seminaristas para acompañarlos en su proceso formativo.
  • Asignar a cada seminarista un sacerdote formador para que realice un acompañamiento de animación a lo largo de la experiencia y de esta manera se mantenga el vínculo afectivo y efectivo del seminarista con su casa de formación y  del seminario con las instituciones diocesanas.
  • Colaborar para la realización de los encuentros semestrales y los retiros espirituales a los que los seminaristas sean convocados.
  • Responsabilizarse de las tutorías que en diversas materias académicas  realizarán los seminaristas en AFP.

 






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"Pueden parecer pobres nuestras reflexiones ante los demás, aun sin serlo, pero tal juicio no alivia la carga del esfuerzo que cuesta alcanzarlas." José Vasconcelos

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