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RESEÑA HISTORICA DEL SEMINARIO NACIONAL CRISTO SACERDOTE
Monseñor Alfonso Uribe Jaramillo, sacerdote profundamente amante del sacerdocio, inquieto por el cultivo de las vocaciones sacerdotales y religiosas, miembro del clero de la arquidiócesis de Medellín, y después integrante del primer clero de la Diócesis de Sonsón, fue enviado en 1943 al Canadá con el fin de que se especializara en teología en la Universidad de Montreal, en la que obtuvo el doctorado con una brillante tesis sobre el Sacerdocio de nuestro Señor Jesucristo.
Estando en el Canadá se encontró con el doctor Luis María Murcia, notable jurista colombiano, quien se preparaba para el sacerdocio en el Seminario de san Sulpicio, y éste le contó las grandes dificultades y pruebas por las que había tenido que pasar para lograr su ideal, de lo cual le surgió la idea al Padre Alfonso de un seminario apropiado para aquellas personas que ya en edad adulta descubren su vocación al sacerdocio. Movido por ese deseo se dio a la tarea de conocer a fondo la organización de un seminario que existía en Montreal para esa clase de vocaciones.
Habiendo regresado a Colombia fue nombrado Rector del Seminario conciliar de Medellín y allí, con autorización del señor Arzobispo de esa arquidiócesis, hizo una experiencia de formación para el sacerdocio de un grupo de adultos, en su mayoría profesionales, que casi todos llegaron al sacerdocio, experiencia ésta que no pudo continuar al ser nombrado el Padre Alfonso Párroco de Sonsón, quien, al crearse la Diócesis de Sonsón, en 1957, quedó perteneciendo al clero de esta nueva Diócesis.
Monseñor Alberto Uribe Urdaneta, primer obispo de Sonsón, nombró Vicario general al Padre Alfonso Uribe, quien en el mismo año de 1957 recibió el título de Prelado Doméstico del Papa Pío XII. El ya Monseñor Alfonso Uribe no tardó en exponer a su obispo su deseo de fundar un seminario apropiado para acoger aquellas vocaciones que, según la visión de aquella época, surgían tardíamente y que por esa razón no tenían la posibilidad de realizarse como sacerdotes en los seminarios comunes. Ese deseo fue generosamente acogido por el señor Obispo y, así, con fecha 8 de febrero de 1959 expidió el decreto de erección del Seminario Cristo Sacerdote para vocaciones tardías, que fue inaugurado siete días después, 15 de febrero, con un grupo de siete aspirantes al sacerdocio, número que fue creciendo en los días siguientes hasta completar catorce, número de alumnos con el cual funcionó este seminario en su primer año de existencia.
El nuevo Seminario tuvo una buena acogida por parte de la Conferencia Episcopal de Colombia, que el 21 de agosto de 1963 le dio su aprobación como Seminario Nacional y único para vocaciones de adultos, y encomendó su dirección a una comisión conformada por tres obispos: Monseñor Alberto Uribe Urdaneta, obispo de Cali, Monseñor Alfonso Uribe Jaramillo, obispo auxiliar de Cartagena, y Monseñor Alfredo Rubio Díaz, obispo de Sonsón.
El Seminario de Cristo Sacerdote tuvo un crecimiento rápido, tanto en cuanto a su planta física, como al número de alumnos, hasta el punto que en 1974 alcanzó el número de 362 alumnos, en sus secciones de pre filosofía, filosofía y teología, con un índice de perseverancia hasta llegar al sacerdocio aproximadamente del 25 por ciento.
El 4 de agosto de 1963 Monseñor Alfonso Uribe fue nombrado Obispo auxiliar de Cartagena y consagrado el 4 de agosto del mismo año, y once días después, 15 de agosto ordenó presbíteros a los seis primeros frutos del Seminario anhelado y fundado por él, y en los primeros días de septiembre siguiente dejó el Seminario para irse a Cartagena a asumir su cargo; como Rector del Seminario fue nombrado al Padre Alberto Restrepo, de la arquidiócesis de Medellín, insigne colaborador de Monseñor Alfonso en la obra del Seminario.
El año 1966 fue un año difícil para el Seminario por la dura prueba que tuvo que soportar. Por no disponer de sacerdotes propios para la tarea de la formación, se vio en la necesidad de pedir la ayuda a algunas diócesis y organizaciones sacerdotales y así constituir un equipo formativo con sacerdotes procedentes de diversos lugares y culturas, entre ellos algunos españoles y alemanes. Correspondió esta situación a la época en que iba penetrando en el mundo sacerdotal la teología de la liberación y la crisis sacerdotal surgida después del Concilio, de lo cual no se escapó este Seminario. Sobre todo no se toleraba que el Rector estuviera en continua comunicación con Monseñor Alfonso Uribe, pues se decía que éste era un Seminario “teledirigido”, y al Rector se le trataba de inepto. Se fue llegando a tal situación que parecía que esta barca del Seminario iba a naufragar, hasta el punto que la Santa Sede consideró necesario que Monseñor Alfonso volviera a asumir la dirección, lo que él hizo con ejemplar abnegación, de tal manera que en poco tiempo, aunque con grandes sacrificios, la prueba fue superada con resultados benéficos para la Institución.
En 1975 Monseñor Alfonso, siendo Obispo de Sonsón-Rionegro desde 1968, vio la necesidad de dejar la Rectoría del Seminario a fin de asegurar la consolidación de éste, y así, a partir de ese año, esta obra ha estado bajo la directa responsabilidad de sacerdotes formados en ella, que con especial cariño se han esmerado por el progreso de la Institución que los formó para el sacerdocio.
En 1984 el Seminario celebró con regocijo sus bodas de plata, oportunidad muy propicia para reunir a muchos de los sacerdotes de él egresados, a alumnos que no llegaron al sacerdocio, pero que agradecen la formación que en él recibieron, a multitud de amigos y benefactores y, sobre todo, a un considerable número de señores Obispos que han visto en este Seminario una obra de la Iglesia.
Ahora nos preparamos para celebrar las bodas de oro, cincuenta años de gracias y bendiciones del Señor, de frutos abundantes, de esfuerzos y esperanzas. Aguardamos que sea una nueva oportunidad para compartir alegrías y dar gracias al Señor por lo grande que ha estado con nosotros.
Mons. Javier Muñoz M.
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